Misiones

 Como una verdadera joya invaluable, cinco monumentos coloniales eran guardados celosamente por la naturaleza de la Sierra Gorda de Querétaro. Fueron bastiones de protección de tribus como los chichimecas y jonacas, que se resistían a someterse a las ideas de los conquistadores.

Tradición guerrera
Se afirma que estos hombres se resistieron a ceder sus tierras y su libertad, pues ni el poder de las armas ni los malos tratos de los españoles pudieron doblegados. Cuando pretendieron sitiar el lugar para someterlos, estos indígenas indómitos, salvajes, bárbaros y necios, como los calificaron, se alimentaron de hierbas y frutos silvestres

Años atrás, en 1744, el capitán José Escandón fundó cinco misiones: Jalpan, Concá, Landa, Tancoyol y Tilaco, pero no obtuvo resultados al intentar la obediencia de los naturales de estas tierras a la corona española.
Los sitios donde se ubican estas iglesias fueron elegidos por encontrarse entre ojos de agua, ríos caudalosos y tierras fértiles, hasta que luego de 200 años de afrentas y superioridad, los españoles buscaban el exterminio de las comunidades autóctonas, pues era una vergüenza que a 30 leguas de la Corte Española hubiera indígenas resistiéndose a la conquista espiritual y material.
La evangelización y pacificación en la Sierra Gorda constituyó una aventura ardua y complicada para los misioneros agustinos y dominicos que llegaron antes de los franciscanos, quienes determinaron retirarse ante sus negativos logros, hasta que finalmente con cierta paciencia y uso de razón, Fray Junípero Serra domó a chichimecas y jonacas, a quien al mismo tiempo les dio de comer y armas para sobrevivir, para después proceder a la evangelización.
Finalmente, convertidos al cristianismo, se entregaron voluntariamente y se volvieron comunidades trabajadoras y productivas.


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